¿Cuánto es demasiado?

Nuestro cuerpo no puede distinguir entre el azúcar natural de la fruta, la miel o la leche o el azúcar procesado a partir de caña de azúcar o de remolacha.
Todos los azúcares son descompuestos en glucosa y fructosa por el organismo y se procesan en el hígado. Se convierten en glucógeno o grasa para almacenar, o se mantienen como glucosa en la sangre para ser utilizada en las células del cuerpo. Por lo tanto, es la cantidad que se consume la que hace la diferencia.
De acuerdo con el National Health Service (NHS), el servicio público de salud británico, las azúcares añadidas no deberían aportar más de 10% de la energía que obtenemos de alimentos y bebidas cada día, sin importar si proviene de jugo de frutas, miel, mermelada, gaseosas azucaradas o comida procesada.
Esto se traduce en unos 70g por día para hombres y 50g para mujeres, aunque depende mucho de la talla, edad y estado físico. 50g equivalen a 13 cucharaditas de azúcar al día, o dos latas de gaseosas u ocho galletas de chocolate.
Al hacer la compra, merece la pena recordar que un producto es alto en azúcar si contiene más de 15g en 100g y es bajo en azúcar si tiene menos de 5g en 100g. Un consejo es fijarse bien a la hora de elegir los alimentos libres de grasa, porque tienen mucho azúcar. Un ejemplo son aderezos sin grasa, que incluyen productos como la miel, el jarabe de maíz de alta fructosa, etc. O por ejemplo las galletas o dulces “sin grasa” que suelen tener más de 20 gramos de azúcar.

¿Cuánto puede tomar mi hijo?

La Organización Mundial de la Salud recomienda que el azúcar constituya menos del 10% de la dieta diaria del niño, 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de comida. Los expertos han hecho sonar las alarmas tras haber constatado que la gran mayoría de alimentos dirigidos a los pequeños supera la cifra con creces. Cereales, galletas, zumos, yogures… Nuestros niños crecen con la adicción al azúcar en su cuerpo, un comportamiento que sin duda les hará ser adultos menos saludables y totalmente adictivos a ésta sustancia.

Potencial de Dependencia

La dependencia al azúcar es alta. La dependencia es de tipo psicológico y físico. Su síndrome de abstinencia se experimenta hasta después de varias semanas de haber descontinuado totalmente el uso de azúcar y alimentos que lo contengan. Sus síntomas incluyen depresión, fatiga, nerviosismo, ansiedad por comer alimentos dulces, falta de concentración, alergias e hipertensión. En grado extremo la dependencia al azúcar se presenta como hipoglucemia, en cuyo caso una privación de alimentos dulces puede conducir a ataques fatales.

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¿Por qué algunas personas se dan atracones de azúcar?

Comer demasiado azúcar puede llevar a tener hábitos de alimentación poco saludables. Sin embargo, el azúcar puede levantar el estado de ánimo porque hace que el cuerpo segregue serotonina, la “hormona de la felicidad”, en el flujo sanguíneo.
El impulso anímico instantáneo que produce el azúcar es una de las razones por las que nos volcamos a las cosas dulces cuando queremos celebrar o cuando ansiamos un premio o un consuelo.
Pero este agradable subidón desencadena un aumento de insulina, que sirve como reguladora en los esfuerzos del cuerpo por mantener la glucosa en la sangre a un nivel normal.
Esto puede tener el efector colateral de provocar una hipoglucemia reactiva que hace que muchos deseen aún más azúcar, lo que puede conducir a un ciclo de atracones.

Azúcar en todo

El azúcar no sólo está presente en los dulces, también en muchos otros alimentos procesados. Encontramos azúcar en los yogures, y también en el pan, en los refrescos, en las verduras congeladas, en la comida enlatada, en la bollería, en la pasta, en la leche, en la salsa de tomate y en todo tipo de comida que sufra un proceso de elaboración, incluso en la conocida como comida light o zero y en la comida salada, la menos sospechosa de contener azúcar añadido.
Los expertos alertan también de la propaganda engañosa que se ha instaurado entorno al azúcar, ese ingrediente que parece estar sin estar. Recuerdan además que ningún otro mamífero come azúcar añadido y que además es totalmente innecesario tomar azúcar añadido para nuestra dieta, un sistema totalmente inventado por el ser humano. La industria azucarera, consciente de la mala prensa del azúcar, se ha inventado un repertorio de palabras con supuestas connotaciones saludables, tales como sirope de cebada, azúcar de remolacha, sirope de arroz moreno, cristales de caña, edulcorante de maíz, pulpa de fruta y otras muchas que no son más que eufemismos que solo significan una cosa: azúcar añadido. Y mucho cuidado con esto, porque quizás no lo sepa, pero el azúcar tiene cero valores nutricionales y no tiene ningún efecto saciante.
A esto se añade que nuestro cuerpo no es capaz de decir si hemos consumido la cantidad suficiente de ciertos tipos de azúcares. Los investigadores hallaron que los alimentos y bebidas endulzados con fructosa, otro azúcar simple, no provocan la misma sensación de saciedad que otras comidas con las calorías similares.
Un estudio de la Universidad de Yale encontró que mientras la glucosa reprime la parte del cerebro que nos da ganas de comer, la fructosa no lo hace. Por eso aumenta el riesgo de comer de más.
Muchas comidas procesadas se endulzan excesivamente con sacarosa, que contiene 50% de fructosa. De hecho, es sorprendente la cantidad de azúcar escondida en alimentos comunes.

Conclusión

Un momento dulce puede provocarte un ligero efecto de placer, pero será algo que desaparecerá rápidamente. El exceso de azúcar puede hacerte más mal que bien y a largo plazo puede ser una fuente de problemas.
La Asociación Psiquiátrica Americana considera que para hablar de adicción se requiere de 3 elementos: exceso, el síndrome de abstinencia y los antojos y el azúcar cumple con estas tres características, de acuerdo con los estudios realizados en ratas, lo cual hace que el azúcar sea una sustancia altamente adictiva.