La història d’una farmàcia

Esta es la historia de la farmacia más antigua de Castellar del Vallés que inició sus andaduras en 1892. Debe su nombre al farmacéutico Josep M. Yangüela, amante de la botánica, que adquirió la farmacia en 1940.

Por aquel entonces era un pequeño local con muebles y paneles de madera y con preparados a la vista, como era propio de la época.

Además de su farmacia, Josep M. Yangüela tenía otras pasiones y, entre ellos, el mar que le llevó a viajar por todo el Mediterráneo, provocando que cada vez que regresaba al hogar, su maleta rebosara de aquella sabiduría del Mediterráneo, de recetas milenarias de ungüentos, pomadas y compuestos tradicionales de los países visitados. Compartía tales pócimas con sus amigos y su hija María Luisa, también farmacéutica, y más tarde con Tania, su nieta, quien como su madre se convertiría en su mayor cómplice en la elaboración de distintos preparados y en las diferentes tareas que llevaba a cabo en la rebotica.

Tania recuerda: “Con 15 años mi abuelo me adentró en fórmulas milenarias. Me enseño a adaptarlas a la naturaleza de los nuevos principios, sin olvidar ingredientes tan antiguos como activos: el aceite de argán, el de oliva, la sal, el aloe vera… “. Desde que era niña, Tania había asomado su nariz al mostrador de la farmacia, correteaba por el establecimiento. José M. Sabía que la única forma de calmarla era sentarla en sus rodillas mientras llamaba al mayorista por aquel teléfono de disco para pedir los medicamentos que precisaban que les sirvieran.

Después entraban en el laboratorio, donde padre e hija, realizaban distintas formulaciones de cosméticos y perfumes, sobre un enorme mostrador de piedra clara, utilizando los platillos oscilantes de las balanzas de la época y con pesas de distintos gramajes, emulsionando en un mortero de piedra. Era un juego. Hacer cremas, pomadas, envasarlo, jugar con los aromas, dejarlos macerar en tarros opacos llenos de alcohol en el sótano… Era una fábrica de sueños.

Desde 1993, Tania R. Yangüela está al frente de la farmacia. Heredó de su madre su curiosidad nunca satisfecha por el conocimiento. De su abuelo, la pasión por el Mediterráneo. Apasionada viajera, interesada por otras culturas, mantiene vivo el espíritu con el que se fundó la Farmacia Yanguela, y con él, ha logrado que lo que comenzó como un juego en un pequeño laboratorio continúe vivo.

“No nos hemos despertado aún de aquel sueño. La fábrica sigue en marcha con un equipo prodigioso… Y aquel juego que empezamos en aquel pequeño laboratorio continúa”.