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La elección entre los diferentes tipos de dieta en función de quién habla de ellas está a la orden del día. Cómo ya dijimos en un post anterior, los hábitos alimenticios se están convirtiendo en modas pasajeras, que van y vienen, como las gafas de aviador o los pantalones campana.

Hoy dedicaremos el post a las dietas macrobióticas, otro plan alimenticio muy de moda que ha salido especialmente a la palestra por ser la elección personal de iconos mundiales como Madonna, conocida también por rumores extendidos a cerca de sus estrictos rituales alimenticios o planes de ejercicio. ¿Quien no ha escuchado alguna vez eso que <Madonna mastica mil y una veces antes de tragar>?

Aunque nunca conoceremos la autenticidad de estos chismorreos, lo cierto es que la dieta macrobiótica va más allá de un plan de alimentación equilibrado. Es un estilo de vida.

Basada en el budismo zen y la filosofía oriental, la macrobiótica se sustenta en el Yin y el Yang, dos fuerzas antagónicas pero inseparables que regulan el equilibrio y mantienen la harmonía en el “yo” a través del lazo infranqueable “alimentación y estado anímico”: todo lo que comemos se refleja en nuestro ser y por tanto, puede alterar nuestro hoy y mañana.

 

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Según sus principios más básicos, la alimentación consiste en un mecanismo de descomposición de todo lo que ingerimos durante la digestión, es decir, todo lo que comemos se descompone en partículas para ser introducidas en la sangre, la cual mantiene vivo nuestro organismo. Consecuentemente, todo alimento que cause un mayor esfuerzo para ser digerido supondrá fatigar más de la cuenta al organismo, cosa que, a la larga, puede acabar causando enfermedades.

Filosofía a parte, la dieta macrobiótica se basa en un 50% de consumo de cereales integrales, un 25% de vegetales y hortalizas, y un 15% de legumbres en la ingesta diaria. Eso se traduce en un mínimo porcentaje dedicado a la proteína animal, de la que sólo se acepta el pescado blanco dos veces por semana o el pollo de forma muy ocasional. Y el huevo tan solo una vez cada 10 días: ¡Más que ocasional!

 

 

Aunque su ciencia muestra cierta lógica y otras grandes investigaciones corroboran la fuerte influencia de la alimentación en la cura de enfermedades o harmonía entre cuerpo y mente; existen muchas críticas que rechazan la dieta macrobiótica, principalmente, por su peligro a la desnutrición severa.

 

By Laura Vivas